Gracias te doy Señor por ver la luz del día,
por permitirme conversar contigo,
por cumplir la rutina e ir a mi trabajo.
Por darme fuerza de voluntad dentro de mis quebrantos,
por departir con los míos y en un mudo mensaje de ternura
vivir cuando un alumno me sonríe.
Gracias te doy Señor, por sentirme tu amigo,
por estar protegido a toda hora,
por esa sensación de ensanchamiento que experimenta el alma
cuando la verdad de tu palabra, aflora.
Poema místico
Trina Leé de Hidalgo, Araure, Portuguesa, Venezuela.
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